El desastre teniendo lugar ahora mismo en América central se revela poco mediatizado, a pesar de una intervención de la ONU y de las grandes organizaciones humanitarias. Si podemos poner por delante la eficacia aparente de la respuesta internacional aportada a las inundaciones, no hay que ignorar que los países tocados entren en una crisis alimentaria de amplitud que podría durar varios meses.
Desde el principio de octubre, una depresión tropical en América central toca 1,5 millones de personas. Los aguaceros, así como las inundaciones y los flujos de lodo que provocan son ni siquiera mortales sino tan devastadoras: se llevan casas, dañan las infraestructuras... En el Salvador, dónde las precipitaciones son las más fuertes desde más de 50 años, 300 000 personas debieron huir. En Guatemala, 78 000 personas perdieron su vivienda, mientras que en Nicaragua, 9 000 hogares han sido inundados.
Según la oficina de las Naciones Unidas para la coordinación de los asuntos humanitarios, los gobiernos movilizaron socorros internacionales inmediatamente después de las primeras inundaciones, consiguiendo evitar lo peaor. Subrayemos sin embargo que la situación corre peligro de empeorarse sin un apoyo internacional rápido, particularmente financiero.
(Photo : AFP)